Vencer el analfabetismo moral: El verdadero camino hacia la paz

Cuando escuchamos o vemos en algún medio de comunicación masivo algunas manifestaciones de la delincuencia, como lo es el crimen organizado cuando perpetra una masacre espantosa, o algún desalmado comete un feminicidio, nos escandalizamos y en la mayoría de los casos nos sentimos impotentes, porque pensamos que no podemos hacer nada para que esta situación de violencia no se repita; igual pasa con muchas de las más de veinte manifestaciones que tiene la delincuencia, y que se manifiestan y se reproducen cada segundo en nuestras comunidades, y, naturalmente se engendran y reproducen en nuestros hogares y familias, desnaturalizándolos y más temprano que tarde destruyéndolos; al mismo tiempo que destruyen nuestros cuerpos físicos y espirituales.


Por esa sensación de impotencia que sentimos con la mayoría de las manifestaciones de la delincuencia es que el tema de la violencia es de extraordinaria importancia para nuestras comunidades, para nuestras familias y de suma importancia para nosotros mismos como personas individuales.


A pesar de la impotencia que en algunos momentos nos embarga y el temor que pueda causar en nosotros, ha llegado la hora de que paremos tanta violencia y detengamos todas las manifestaciones de la delincuencia, porque hacer esto sí es realmente posible a pesar de que en este instante usted crea que no lo es.


Si nos instruimos un poquito nada más, y nos enfrentamos a nuestro analfabetismo moral, nos daremos cuenta muy fácilmente de que podemos parar o frenar y reducir hasta su mínima expresión todas las manifestaciones de la delincuencia y la violencia; solo tenemos que realizar un pequeño esfuerzo para comenzar a instruirnos y educarnos en la convivencia pacífica. Y esto se lo digo, porque no podemos y no podremos entender y resolver el problema de la delincuencia desde el mismo nivel de conciencia del que la hemos creado; no podemos entender y resolver la violencia y la delincuencia con la misma falta de conocimiento y falta de educación moral y humanitaria que nos ha permitido crearla. Tenemos que elevarnos un poco más, y elevar nuestra dignidad y nuestra espiritualidad para que nuestra conciencia la destruya en vez de crearla y la detenga en vez de promoverla.


No hay nada mejor que hacer en estos momentos para frenar y reducir el dolor y el sufrimiento que padecemos y sufrimos, que no sea un pequeño esfuerzo para instruirnos; y de esta manera acabar con la impotencia y el temor que se ha apoderado de nosotros, y terminar con nuestro analfabetismo moral y curarnos de esta crónica miopía social que no nos permite ver ni hacer nada para acabar con la violencia y la delincuencia.


Instruirnos es la forma de hacerle frente y atender esta gran emergencia nacional que tiene quebrado y destruido nuestro tejido social; y nos mantiene atrapados en nuestra propia red personal.

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